
Por mas que lo pienso no consigo llegar a entender del todo el sentido de las vidas de ciertas personas. No hace demasiado, en una de esas conversaciones de barra de bar cualquiera que empiezan con el resultado del partido de anoche y acaban con disertaciones kantianas sobre el tiempo, una persona me indicaba sus objetivos en la vida: "quiero tener un trabajo estable, una familia, un buen sueldo, una bonita casa con jardin..." No es un mal objetivo desde luego, pero me pareció algo escaso, así que seguí indagando para intentar entender el porqué de esas ideas, esas metas preenvasadas al vacío en su mente. La respuesta a la que llegamos tras varias preguntas fue la siguiente: "eso me haría feliz"
La felicidad, al fin hablabamos el mismo idioma. ¿No es ese acaso el objetivo final de cualquier persona, de cualquier forma de vida? Todo lo demás no son mas que meros instrumentos para alcanzar dicho estado, los árboles que forman el bosque realmente. Hay gente que encuentra la felicidad en estos proyectos, en alcanzar dichas metas. Otros la encuentran en una vida errante, contemplativa, de armonía con el universo. En muchos casos puedes oir a alguien decir "pobrecito" cuando ve a una persona pasar, mochila al hombro, ropa desgastada y paso difuso en el camino. Sin embargo, una mirada más en profundidad en su cara y no en su atuendo podría llevarte a entender que realmente el es feliz. Es feliz porque acumula muchos amaneceres en sitios que no podrías imaginar. Muchos atardeceres con gentes de muchas culturas, de muchos modos diferentes de ver la vida. Experiencias que quizás incluso te costara comprender.
Y sin embargo, cuando todos pensabamos que la felicidad era la respuesta a las preguntas (o el número 42 según la Guía del Autoestopista Galáctico, pero esa es otra historia.) llega el señor Punset y nuevamente nos abre los ojos a nuestro error. Al parecer, la felicidad en si misma es un estado imposible de adquirir, ya que nadie puede ser feliz constantemente, debido a que la naturaleza humana esta necesariamente opuesta a ello, ya sea por enfermedades, por problemas personales, por dificultades del entorno en el que se vive, etc...Los miles de millones de factores que alteran constantemente la perfección que la felicidad requiere hacen que esta sea imposible, y convierten a aquel que lucha por alcanzarla en un descorazonado sufridor que finalmente es muy probable que acabe por ser un pesimista empedernido.
Entonces ¿Cuál es la respuesta? ¿No podemos ser felices? Al contrario. Ser felices es más sencillo de lo que parece, y el mismo Punset lo explicaba con acierto. La felicidad existe en ese momento de superación del ser humano en el que, su esfuerzo por mejorar, por progresar (y no hablamos de cuestiones materiales: dinero, trabajo,etc...sino de cuestiones emocionales y psicológicas, que evidentemente se pueden ver muy afectadas por las materiales sin duda, pero estas no son más que herramientas para las segundas) le lleva a sentirse mejor consigo mismo. En ese momento el ser humano es feliz, y debe disfrutar de su felicidad. Y cuando las cosas se tornen difíciles, y lo harán sin duda, deberá encontrar en esa sensación de seguridad las fuerzas para encararlas, y al salir vencedor de dichas dificultades sentirse nuevamente realizado y feliz.
Yo ya he tomado mi decisión hace algún tiempo. Ya no lucho por ser feliz, simplemente disfruto siéndolo...mientras dure.