29 abr 2014
La Pasión por La Razón
Por más que lo pienso no consigo entender muy bien esa expresión tan utilizada de “Piensa un poco con el corazón” o “Déjate guiar por tu corazón”. Personalmente, lo máximo que espero del mío es que siga impulsando la sangre por mi cuerpo el mayor número de años posible.
Bromas aparte, siempre me ha parecido un tanto peligrosa esa tendencia que anima a las personas a anteponer la pasión a la razón. En principio parece más un error de metonimia en la que se menciona una parte y se toma el todo (acercar un poco a la razón la pasión, en vez de sustituir una por otra), pero en todo caso el problema radica en que la interpretación que poco a poco va calando en el subconsciente es la de que para ser más auténtico, para sentirse más vivo, uno debería anteponer sus pasiones a la razón, bajo el eterno lema del “tempus fugit” o el “solo se vive una vez”.
Bien, yo sin lugar a dudas me considero una persona altamente pasional. La música, que ha sido siempre un referente imprescindible en mi vida se alimenta de dicha pasión, y me gusta aplicar toda mi pasión a cualquier actividad que desarrollo. Ahora bien, considero que el proceso adecuado es más bien aparcar las pasiones a la hora de tomar decisiones, dejando que sea la parte más racional de la persona la que llegue a las conclusiones lógicas más adecuadas, y una vez dichas conclusiones han sido alcanzadas, seguir los designios de tu lógica aplicando toda tu pasión y te esfuerzo en conseguirlos. De este modo la pasión, las emociones, se convierten en una herramienta a favor de la lógica y la razón, y no la sustituyen.
Estarán ustedes de acuerdo en que las decisiones pasionales suelen ser en la mayoría de los casos decisiones erróneas. Siempre se ha hablado de lo desacertado que suele ser hablar “en caliente”, siempre se ha apostado por “pensar antes de hablar”, pero sin embargo, la sociedad actual, a través de sus principales armas sociales (sobre todo la publicidad, encubierta en más campos de los que inicialmente puede parecer que nos rodean) nos intenta convencer de lo contrario, y lo consigue.
Otro argumento que defiende dicha tendencia a enterrar la pasión bajo la razón es el consabido “no temas cometer errores”. Una expresión altamente utilizada pero nuevamente malinterpretada. La lectura tal parece que nos anime a no ser en absoluto reflexivos con nuestras decisiones, ya que los errores son parte imprescindible de nuestra vida y de nuestro aprendizaje. Sin duda alguna, los errores son fundamentales en el proceso de aprendizaje de un individuo, pero no por ello significa que generemos más de los estrictamente necesarios para el mismo. Es casi como una apología del fallo por norma que debemos erradicar. Esta idea que tan románticamente se nos vende se olvida de transmitirnos la segunda parte del mensaje que es “y acepta las consecuencias de los mismos”. Es una tendencia habitual la de esta sociedad globalizada el transmitirnos tan solo la parte positiva del mensaje, ignorando la negativa, una simplificación de la vida, que, de una manera directa empuja también al consumo y a la manipulación fácil del individuo.
Seamos más conscientes de nuestra existencia. Continuemos cometiendo los errores que debemos cometer, y aprendamos de ellos de una manera racional para crecer como personas. No alimentemos la eterna inmadurez bajo el mensaje de la vida es corta, y empujemos a la reflexión como único medio de hacer de esta sociedad un lugar más justo y mejor. Dejemos que nuestras pasiones nos inunden y conviertan nuestra vida en una vida más plena y más compleja, pero no dejemos que ellas tomen el mando de nuestra existencia. Dirijamos el carro alado de nuestra existencia con el auriga de la razón, controlando los caballos de las emociones (buenas y malas), ya que sin él, los caballos se desbocarían haciendo que el carro inevitablemente se estrelle contra las dificultades de la vida.
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