18 may 2011

La Burguesía del Opositor.


Por más que lo pienso no logro entender como es posible que se haya perdido el norte del modo que se ha perdido en la sociedad de hoy. Una sociedad en la que un funcionario de la radio pública ante un micrófono se puede permitir el lujo de restar importancia a una opinión de un “líder” de un movimiento que sencillamente intenta expresar su opinión de un modo totalmente democrático con un argumento tan lamentable como que “no hay nada más burgués que un abogado opositando”. Miren ustedes, para mi entender hay cosas realmente mas burguesas, si debo utilizar este término tan poco adecuado en los tiempos que corren, como por ejemplo un funcionario con un sueldo fijo seguramente bastante más alto que el de la mayoría de la población española (y eso refiriéndome solo a la activa, que cada vez es menos) y con la oportunidad de expresarse públicamente, capaz de cometer semejante juicio de valores sin tan siquiera sonrojarse y diciéndolo “con todo el cariño”.

Miren ustedes, los abogados que existen hoy en día en el sistema público, los jueces, los policías, los funcionarios de los ayuntamientos, todos ellos han llegado a conseguir sus puestos de trabajo con el esfuerzo que implica preparar unas oposiciones. Incluso el personaje en cuestión que se atreve a juzgar demagógicamente el enfoque de este abogado tuvo que haber pasado unas (o al menos debería, uno ya duda de ciertas cosas en la administración actual), y no creo que se considerara un burgués en aquel momento. No creo que el derecho a protestar ante la situación actual que atraviesa este país, en el que los bolsillos de unos pocos continúan agrandándose mientras el resto de la población carga con sus deudas, tenga que venir condicionado por la relativa comodidad que se le suponga a la persona que se queje. El hecho de que pueda permitirme vivir emancipado, lo que es un lujo a día de hoy, no me impide protestar por las condiciones actuales de la vivienda en España, la especulación y la dificultad de los jóvenes para poder conseguir una vivienda digna. Que pueda ver la televisión en una pantalla plana no creo que me vete como interlocutor para criticar las noticias que veo en ellas cada día, en las que me intentan explicar y hacer ver como natural el hecho de que el director del FMI sea un “supuesto” violador y agresor sexual. El hecho de que pueda permitirme salir los fines de semana a tomar unas copas y cenar no creo que me anule como ciudadano para mostrar mi absoluto rechazo a un gobierno de corrupción apoyado por una oposición inquisidora que, al igual que el propio gobierno, no sabe más que llorar y acusar a su rival sin aportar nada para mejorar la situación.

“los jóvenes de hoy en día viven mucho mejor que antes” Por favor, guárdense sus comentarios demagógicos y faltos de argumento para una audiencia que quiera creerles. Al menos en generaciones anteriores la gente conseguía independizarse con cierta facilidad, en comparación con la absoluta imposibilidad que tienen los jóvenes de hoy. Al menos antes podía trabajarse, había puestos de trabajo, en contra de las increíbles tasas de desempleo actuales. Al menos podían plantearse formar una familia, contra las terribles dificultades que hacen que hoy en día ser padre se convierta en una aventura con resultados muy arriesgados. Pueden ustedes seguir haciendo valoraciones baratas sobre el precio de los vuelos a Londres a día de hoy, tienen mi bendición para ello, la bendición de un filólogo Ingles que vive y trabaja de su conocimiento del idioma sin haber pisado terreno anglófono jamás en su vida, dado que sus padres no pudieron permitirse el lujo de costear dicha experiencia.

Siempre se ha criticado a la juventud, supongo que forma parte del ciclo natural de la vida. Pero finalmente la historia nos dicta que ha sido siempre esa juventud la que finalmente ha sacado las castañas del fuego a la sociedad en la que vivía. Yo no cito consignas revolucionarias, no arranco adoquines en las calles mientras rememoro épocas pasadas. No hago sentadas frente a la policía a favor de la paz. No creo en el romanticismo de las protestas, porque considero que es una peligrosa arma de doble filo que puede arrancarles la merecida credibilidad que tienen. Pero por favor, no quieran ustedes engañar a nadie con el intento clasista de clasificar mis opiniones por mis capacidades económicas o mis aspiraciones naturales a la estabilidad en la vida. No comentan el error básico de faltar al respeto a aquellos que, dentro de no mucho, tendrán que, dando una vez más la razón a la historia, salvar la sociedad que ustedes han creado e intentar enmendar sus errores. Dicho todo siempre “desde el cariño” paternalista que ustedes transmiten siempre en sus palabras

14 may 2011

El Curso de la vida


El Curso de la vida:


Por más que lo pienso no logro terminar de encontrar una imagen totalmente fiable de mi mismo. AL igual que si me observara en un sucio espejo de bronce, que me devuelve una imagen distorsionada de la realidad, mi mente se debate entre multitud de opciones, opiniones, argumentos y demás diatribas dialécticas sin fin, mientras que el tiempo modifica una y otra vez los patrones y las ideas que dirigen mi mente.

Siempre me ha hecho gracia esa gente que se enorgullece de permanecer inamovible ante el tiempo. "Sigo siendo el mismo, no he cambiado” es una de las frases más obviamente erróneas que existen en el vocabulario humano, y por extensión en su imaginario. Porque el mero hecho de creer que una persona no cambia con el tiempo no es más que pura fantasía, imposible de realizar. Si suponemos que los cambios no se producen en pequeños espacios de tiempo (cosa que es cuanto menos más que discutible), lo que jamás podremos negar es que la experiencia, con el pasar de los años, modifica nuestros puntos de vista y nuestra propia existencia.

A nivel personal he sido un pesimista descontrolado, un rebelde enardecido, un ácrata convencido, un optimista recalcitrante, y ahora me muevo en una delgada línea de escepticismo controlado. Mi mente está en constante batalla con sus propios principios, dando pleno sentido a la famosa frase del gran filósofo Marx (no Carl, Groucho): “estos son mis principios, si no les gustan…tengo otros”. Sin embargo, el gran paso que ha dado sentido a mi concepto de auto existencia ha sido el definirla en ese espacio de cambio, una vida suspendida en medio del tiempo, sin fronteras definidas, sin señales claras. Un sencillo fluir a través del tiempo, permitiendo que mi mente se moldee al universo según aprende y descubre sobre el mismo.

Saben, muchas veces he pasado horas y horas debatiendo sobre temas de gran carga psicológica y filosófica. Han sido muchas noches de filosofía de salón, rodeado de buenos conversadores, sin llegar a conclusiones más allá del placer de una buena charla. Y cuando sigues dando vueltas a ese círculo sin fin en el cual nada puede quedar definido, es un niño el que te abre los ojos: “Los adultos a veces sois como niños” te dice con su inocencia. Y se te queda una cara de estupidez mientras afirmas con la cabeza pensando “en múltiples ocasiones en lo más sencillo reside la respuesta” La famosa navaja de ockham sigue estando presente en nuestras vidas. Y si, el chico tenía razón, en muchos casos lo único que diferencia a los adultos de los niños es el precio de los juguetes con los que juegan.

Pasar años madurando, convirtiéndote en un adulto, encontrando el camino que consideras adecuado, afianzándote como una persona de provecho. Y cuando crees que tu vida está bien definida, un niño de 11 años te devuelve a la realidad: “los adultos sois como niños”. Quizás la vida no sea tan compleja como en muchos casos nos la quieren plantear. Quizás debamos seguir adelante, sin eludir responsabilidades, pero observando la vida desde una perspectiva más simple. Al igual que un niño, el cielo es el cielo, una piedra es una piedra, y una hora es una hora. Quizás debamos recordar la facilidad con la que podíamos pasar del dolor a la alegría y, en nuestra eterna búsqueda de la felicidad, encontrar el modo de disfrutar del viaje.

He sido un cínico, he sido un tanto maquiavélico, quizás políticamente incorrecto. Budista, católico mahometano… He sido todo lo que alguna vez ha estado por menos de una milésima de segundo en mi cabeza, porque al menos durante ese corto espacio de tiempo ha estado allí, lo he experimentado. Los cambios siguen latentes en mí, y el desorden es sin dudas el estado mental que ordena mi rumbo, al igual que dirige estas líneas. Pero hay una cosa que nunca he dejado de ser, aunque se me hubiera olvidado que lo era: Aquel niño asustadizo y apasionado por la inmensidad de la vida que se extendía ante sus ojos.