
Por más que lo pienso no logro entender como es posible que se haya perdido el norte del modo que se ha perdido en la sociedad de hoy. Una sociedad en la que un funcionario de la radio pública ante un micrófono se puede permitir el lujo de restar importancia a una opinión de un “líder” de un movimiento que sencillamente intenta expresar su opinión de un modo totalmente democrático con un argumento tan lamentable como que “no hay nada más burgués que un abogado opositando”. Miren ustedes, para mi entender hay cosas realmente mas burguesas, si debo utilizar este término tan poco adecuado en los tiempos que corren, como por ejemplo un funcionario con un sueldo fijo seguramente bastante más alto que el de la mayoría de la población española (y eso refiriéndome solo a la activa, que cada vez es menos) y con la oportunidad de expresarse públicamente, capaz de cometer semejante juicio de valores sin tan siquiera sonrojarse y diciéndolo “con todo el cariño”.
Miren ustedes, los abogados que existen hoy en día en el sistema público, los jueces, los policías, los funcionarios de los ayuntamientos, todos ellos han llegado a conseguir sus puestos de trabajo con el esfuerzo que implica preparar unas oposiciones. Incluso el personaje en cuestión que se atreve a juzgar demagógicamente el enfoque de este abogado tuvo que haber pasado unas (o al menos debería, uno ya duda de ciertas cosas en la administración actual), y no creo que se considerara un burgués en aquel momento. No creo que el derecho a protestar ante la situación actual que atraviesa este país, en el que los bolsillos de unos pocos continúan agrandándose mientras el resto de la población carga con sus deudas, tenga que venir condicionado por la relativa comodidad que se le suponga a la persona que se queje. El hecho de que pueda permitirme vivir emancipado, lo que es un lujo a día de hoy, no me impide protestar por las condiciones actuales de la vivienda en España, la especulación y la dificultad de los jóvenes para poder conseguir una vivienda digna. Que pueda ver la televisión en una pantalla plana no creo que me vete como interlocutor para criticar las noticias que veo en ellas cada día, en las que me intentan explicar y hacer ver como natural el hecho de que el director del FMI sea un “supuesto” violador y agresor sexual. El hecho de que pueda permitirme salir los fines de semana a tomar unas copas y cenar no creo que me anule como ciudadano para mostrar mi absoluto rechazo a un gobierno de corrupción apoyado por una oposición inquisidora que, al igual que el propio gobierno, no sabe más que llorar y acusar a su rival sin aportar nada para mejorar la situación.
“los jóvenes de hoy en día viven mucho mejor que antes” Por favor, guárdense sus comentarios demagógicos y faltos de argumento para una audiencia que quiera creerles. Al menos en generaciones anteriores la gente conseguía independizarse con cierta facilidad, en comparación con la absoluta imposibilidad que tienen los jóvenes de hoy. Al menos antes podía trabajarse, había puestos de trabajo, en contra de las increíbles tasas de desempleo actuales. Al menos podían plantearse formar una familia, contra las terribles dificultades que hacen que hoy en día ser padre se convierta en una aventura con resultados muy arriesgados. Pueden ustedes seguir haciendo valoraciones baratas sobre el precio de los vuelos a Londres a día de hoy, tienen mi bendición para ello, la bendición de un filólogo Ingles que vive y trabaja de su conocimiento del idioma sin haber pisado terreno anglófono jamás en su vida, dado que sus padres no pudieron permitirse el lujo de costear dicha experiencia.
Siempre se ha criticado a la juventud, supongo que forma parte del ciclo natural de la vida. Pero finalmente la historia nos dicta que ha sido siempre esa juventud la que finalmente ha sacado las castañas del fuego a la sociedad en la que vivía. Yo no cito consignas revolucionarias, no arranco adoquines en las calles mientras rememoro épocas pasadas. No hago sentadas frente a la policía a favor de la paz. No creo en el romanticismo de las protestas, porque considero que es una peligrosa arma de doble filo que puede arrancarles la merecida credibilidad que tienen. Pero por favor, no quieran ustedes engañar a nadie con el intento clasista de clasificar mis opiniones por mis capacidades económicas o mis aspiraciones naturales a la estabilidad en la vida. No comentan el error básico de faltar al respeto a aquellos que, dentro de no mucho, tendrán que, dando una vez más la razón a la historia, salvar la sociedad que ustedes han creado e intentar enmendar sus errores. Dicho todo siempre “desde el cariño” paternalista que ustedes transmiten siempre en sus palabras
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