
Por más que lo pienso no logro sacarme de la cabeza la imagen de Obama como el gran héroe Americano. No se si recuerdan aquella vieja serie en la que el protagonista recibía de los extraterrestres un traje con superpoderes, pero que nunca llegaba a usar correctamente, porque no conseguía entender las instrucciones. Capítulo tras capítulo veíamos a nuestro personaje intentar volar y terminar besando el suelo en las más cómicas situaciones. A Obama le ha pasado lo mismo. Ha intentado volar una y otra vez, pero me temo que las instrucciones del juego político están escritas en un idioma indescifrable para él. Su sueño Americano ha durado “lo que duran dos peces de hielo en un whiskey on the Rocks” citando al gran Sabina, o quizás debiéramos decir un “Bourbon on the Rocks” para reforzar aún más el sentimiento Americano.
Obama se ha empeñado en anteponer las personas a la política, craso error. En un mundo como el actual, semejante bravuconada solo tiene espacio en las viñetas de los cómics del capitán América. Así su sueño Americano se ha fundido inevitablemente en las espirituosas aguas del “Bourbon” que es la política Americana. Con un sueño de un sistema de salud pública gratuito para todos los Americanos que naufragó antes incluso de salir de puerto, y una lucha social siempre por delante de las necesidades de sus grandes apoyos, que inevitablemente han sido los gigantes económicos que entienden la política como los hilos que mueven a sus marionetas a sus puestos de trabajo, Obama planto cara a un sistema diferente, quizás con un exceso de fe potenciado por todas las esperanzas que se habían puesto en su mandato. Y no tardo en darse cuenta de que la pared con la que chocaba no era más que la punta de un iceberg enorme que amenazaba con hundir su barco, el “U.S. Freedom” en el que viajaban todos sus compatriotas.
Y ahora, con la amenaza de quiebra llamando a la puerta, reclamando todo aquello que en su momento alguien decidió que podía aceptarse, se aferra al timón de la nave intentando tomar el rumbo adecuado para evitar los escollos, sin darse cuenta de que la rueda a la que se aferra hace tiempo que se desacopló del buque, y que en realidad no dirige nada más que una absurda obra de teatro, un teatro de marionetas que danzan al ritmo electoral, despreocupadas con el futuro, pensando que no hay nada que no pueda arreglarse, mientras todos los tripulantes del barco huyen despavoridos en busca de unos botes salvavidas que nadie recordó poner en el buque cuando se inició el viaje, demasiado ocupados disfrutando de los deliciosos preparativos del viaje y de las maravillosas noches de placer y alegría que en el crucero se habían dado.
Mi memoria siempre ha sido muy limitada, y reconozco que no recuerdo si finalmente nuestro entrañable personaje del Gran Héroe Americano conseguía finalmente levantar el vuelo sin acabar volviendo a la tierra con la brusquedad habitual. No obstante, y espero equivocarme en ello, no creo que sea relevante en este caso, ya que todo parece indicar que, aunque Obama siga intentando volar, hace ya algún tiempo que tanto demócratas como republicanos le han robado el traje. Espero que les guste el “Bourbon” con mucho hielo…