8 may 2012

Tiempo de desobediencia Civil.

Por más que lo pienso no logró llegar a entender como aceptamos, con indignación si, pero aceptamos que el gobierno esquilme muestra sociedad del bienestar y nuestros recursos para abiertamente entregarlos a la acomodada élite de banqueros que disfruta de vidas de auténticos millonarios mientras el pais se hunde en la ruina, no sólo económica sino ética. El pueblo pone el grito en el cielo, se tira de los pelos indignado, ante una nueva aberración del equipo de gobierno que tras considerar necesario un serio recorte en la educación y salud pública con el que ahorrar diez mil millones de euros, anuncia ahora sin ningún tipo de rubor una inversión de dicha cantidad en bankia, banca privada. Dicha decisión va más allá de errónea o desacertada a mi entender, entrando en campos más graves como "terrorismo" social, y la repuesta debe ser de la contundencia que la situación require.

Seamos realistas, indignarse no basta. En España somos los reyes de la indignación y los más mediocres en la acción. No sirve de nada salir a las calles, organizar protestas y acampar en las plazas. Las medidas utópicas y de soñadores no hacen más que jalonar a los de arriba. No es tiempo de acampar y de realizar talleres de cuero y danza del vientre, es tiempo de plantar cara y dejar claro POR CUALQUIER MEDIO que la población no va a aceptar más este sistema. Una revolución es necesaria, más bien imprescindible. Es hora de medidas, de acción. Las protestas ya no sirven. Nadie escucha la voz del pueblo, así que es hora de que este la recupere, con los medios necesarios. A los que haya que recurrir.

Todos hablan de Islandia, de su revolución, de sus cambios, pero aquí nadie busca esas pautas para seguirlas. Nos conformamos con alabar su revolución, a alabar la ascensión del nuevo presidente francés poniendo nuestras esperanzas en él, y protestando por todo lo que nos viene encima. Pero no hacemos nada por remediarlo. Somos espectadores de nuestra propia ruina, somos lo suficientemente inteligentes para saber que no lo queremos, pero no sabemos que hacer para pararlo.

Lo siento, indignarse es una posición demasiado fácil. Es hora de tomar posiciones y aceptar nuestro papel en la revolución. Y si las palabras no son suficientes, si las democracia no es capaz de defender la democracia, deberemos barrer con todo para empezar de nuevo. El árbol de la justicia debe ser regado de tanto en cuanto con la sangre de la revolución, y la hora ha llegado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario