21 feb 2011

El Último Vagabundo


El Último Vagabundo.

Por más que lo pienso no logro entender como en la sociedad actual hemos perdido la capacidad de deleitarnos con los medios, obsesionados hasta tal punto con el fin que nos ciega en si mismo. El viaje ya no es gozo y deleite, necesitados de llegar al destino que deseamos alcanzar, y perdiendo las experiencias vitales existentes en el camino. Quizás sea la velocidad extremadamente precipitada con la que la vida nos empuja, la que nos haya llevado sin darnos cuenta a esta ceguera total con la que afrontamos la vida.

Y sin embargo, los pequeños placeres de la vida, que hasta ahora me han demostrado ser los mejores de la misma, se encuentran todos en ese proceso natural de avance que llamamos “camino”. Ese proceso natural en el que hay que detenerse, lo que implica una inversión de tiempo que mucha gente no está dispuesta a realizar en la sociedad de hoy. Como aquellos hombres grises que Michael Ende presentaba en su novela, nos movemos azarosa y apresuradamente por la vida, intentando guardar y atesorar cada segundo de ella, escondiéndolo en una caja fuerte en nuestra mente, engañándonos a nosotros mismos a sabiendas de que el tiempo se escapa entre nuestros dedos sin poder evitarlo. Creemos que optimizar dicho tiempo nos dará la respuesta a nuestra vida, el sentido que buscamos en ella, y nos sentimos bien porque en realidad esa optimización nos impide afrontar nuestra propia fragilidad. Pero esa sensación de bienestar no dura más allá del momento en el que la vida se presenta ante nosotros, absolutamente real e innegable, demasiadas veces muy tarde para poder rectificar. Y nos lamentamos de las ocasiones perdidas, ofuscados en nuestras posesiones, en nuestro dinero, en nuestras necesidades autoimpuestas, mientras entendemos finalmente, que nuestra mas valiosa posesión, nuestro tiempo, se ha ido escapando lentamente de nuestra vida sin haber sabido darle la importancia adecuada.

El último vagabundo disfruta de ese tiempo. Se aferra a sus posibilidades y las adapta a sus necesidades para que le permitan disfrutar de la vida. Se para en cada pequeño pueblo en su camino a conocer a sus gentes, a visitar sus casas, a observar sus vistas, se sienta a ver cada atardecer y se levanta para disfrutar de cada amanecer. Disfruta de los pequeños placeres de la vida, como un buen vino (no necesariamente increíblemente costoso), una buena conversación, una buena aventura gastronómica, una buena canción, una buena historia, una buena amistad…Se deleita ante la magnificencia del amor, acepta las dificultades de la vida afrontándolas de un modo positivo y siempre continua su camino, un camino sin destino, sencillamente un camino que existe por el mero hecho de caminar.

Recuerdo recientemente una conversación en la que pregunté a mi interlocutor, ante la complicada situación social que vivimos, que pasaría si perdiera su trabajo, su único medio de ganarse la vida, y acabara en la calle, sin casa, sin tener un plato de comida seguro. El me contesto que incluso ante una situación así podría sacar lo mejor de ella “nada me ataría para poder hacer una de las cosas que siempre he deseado hacer, viajar” Ligero de equipaje, y con la única certeza de que al día siguiente amanecería de nuevo, con o sin él, el último vagabundo deambularía entre las grises caras de las personas que poblaran cualquier ciudad. Nunca creería que es mejor o peor que ninguna de esas personas, sencillamente viviría su vida según los designios del único juez que acaso pueda juzgar cualquiera de las nuestras: el tiempo.

1 comentario:

  1. Muy buena apreciación de la realidad, es dificil pensar en este momento, tomarnos el tiempo de reparar en que lugar del camino nos encontramos mientras nos dirijimos a cualquier lado. Es imposible encontrar verdaderos humanos que vivan la vida de manera correcta osea disfrutando. Con tristeza observamos como nos rebajamos a pensar como máquinas y vivir con el complejo de hacer las cosas exactas que no son precisamente las que quisieramos hacer.
    Cada dia que pasa nos volvemos mas cuadrados vivimos mas y gozamos menos de esos pequeños detalles que la vida nos pone a cada paso.

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